La masacre de Tumeremo

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Resumen

Tumeremo se asienta en la región conocida como Guayana Venezolana, parte del Escudo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas del planeta, ubicada en las estribaciones nororientales del estado Bolívar, donde convergen las cuencas de los ríos Caroní y Cuyuní. Esta zona contiene importantes reservas minerales, entre ellas oro, diamantes, hierro, bauxita, coltán y otros minerales estratégicos, lo que la convierte en una zona de alto valor económico y, en consecuencia, foco de disputas territoriales. El desarrollo de la actividad minera ha atraído a personas de otras regiones de Venezuela y países vecinos, generando procesos de mestizaje cultural pero también tensiones por el control territorial. Los pueblos indígenas han experimentado un desplazamiento progresivo, aunque algunos han formado alianzas matrimoniales y comerciales con nuevos colonos.

La economía de Tumeremo gira predominantemente en torno a la minería, tanto legal como ilegal. Según estimaciones oficiales, aproximadamente ocho de cada diez habitantes se desempeñan en oficios relacionados con la extracción, procesamiento o comercialización de oro y otros minerales.

Un elemento crucial para comprender el contexto en el que ocurrió la masacre es la creación del Arco Minero del Orinoco, decretada por el gobierno de Nicolás Maduro apenas nueve días antes de los hechos, el 24 de febrero de 2016. Este megaproyecto, que abarca 111.843 kilómetros cuadrados (equivalente al 12,2% del territorio nacional), incluía precisamente la zona donde se perpetró la masacre.

La implementación de este proyecto generó expectativas de regularizar la actividad minera, pero también intensificó las disputas territoriales entre diferentes grupos armados que buscaban posicionarse para controlar futuras concesiones.

La masacre de Tumeremo

La Masacre de Tumeremo del 4 de marzo de 2016 representa uno de los episodios más graves de violencia sistemática en las zonas mineras del sureste de Venezuela. Este evento, que resultó en el asesinato de al menos 17 personas confirmadas oficialmente, se convirtió en un punto de inflexión que expuso dinámicas criminales complejas, ausencia del Estado y conflictos territoriales que caracterizan la región minera del estado Bolívar en el sur de Venezuela.

Bolívar Venezuela: 6.3585216, -63.5806110
Bolívar Venezuela: 6.3585216, -63.5806110

El 4 de marzo de 2016, en horas de la madrugada, un grupo armado liderado por el ecuatoriano Jamilton Andrés Ulloa Suárez, conocido como “El Topo”, perpetró una masacre contra trabajadores mineros cerca de la Mina Atenas, ubicada en el predio del mismo nombre, en la jurisdicción de Tumeremo, municipio de Sifontes, estado Bolívar, Venezuela.

El hecho se caracterizó por una brutalidad extrema, con víctimas ejecutadas con disparos en la cabeza y luego trasladadas a fosas comunes para ocultar pruebas. Investigaciones oficiales confirmaron el hallazgo de 17 cadáveres en una fosa común ubicada en la mina Nuevo Callao, aproximadamente a 25 kilómetros del sitio de los hechos iniciales. Sin embargo, los primeros testimonios sugirieron que el número de víctimas podría haber sido mayor, con informes de hasta 28 personas desaparecidas.

La respuesta inicial de las autoridades regionales fue una negación categórica, calificando los informes como un “montaje político” del gobernador Francisco Rangel Gómez. Esta actitud cambió drásticamente cuando la presión social de los familiares, que bloquearon la Carretera Troncal 10 durante varios días, y la intervención de la Fiscalía General de la República obligaron a una investigación exhaustiva que culminó con el descubrimiento de pruebas forenses.

El caso resalta la existencia de estructuras criminales organizadas que operan impunemente en zonas mineras, control territorial ejercido por grupos armados conocidos como “sindicatos” y aparente complicidad o negligencia por parte de sectores del aparato estatal regional. También revela la extrema vulnerabilidad bajo la cual operan los mineros artesanales en una región donde la economía informal del oro ha reemplazado de facto las estructuras económicas y de seguridad formales del país.

Ubicación y coordenadas geográficas

Tumeremo está ubicado en el municipio General Antonio Domingo Sifontes en el estado Bolívar, en el sureste de Venezuela. Las coordenadas precisas del poblado apuntan a una localidad estratégicamente situada sobre la Carretera Troncal 10, principal arteria vial que conecta a Venezuela con Brasil y única vía terrestre hacia el norte del país desde esta región fronteriza.

Tumeremo: 7°17'59"N, 61°30'29"O
Tumeremo: 7°17'59"N, 61°30'29"O

Área de delincuencia primaria

La Mina Atenas, escenario de la masacre, está ubicada en el predio del mismo nombre, en el límite entre los municipios de Sifontes y Roscio. Esta ubicación se encuentra aproximadamente a una hora y media por carretera desde el centro de Tumeremo, hacia el pueblo de Guasipati. Las coordenadas exactas de este sitio no han sido reveladas oficialmente por razones de seguridad, pero las fuentes indican que se encuentra en un área de difícil acceso dentro del bosque tropical.

AOI donde se encuentra la mina y tuvo lugar la matanza masiva
AOI donde se encuentra la mina y tuvo lugar la matanza masiva

Zona de descubrimiento de evidencia

La fosa común donde fueron encontrados los 17 cuerpos se ubicó en la mina Nuevo Callao, aproximadamente a 25 kilómetros del lugar de la masacre inicial. Esta zona minera es parte del complejo más grande de operaciones de oro en la región, caracterizado por múltiples campamentos mineros y rutas de acceso controladas por diferentes organizaciones criminales. La ubicación exacta de este sitio es desconocida para el público, pero según la investigación sobre el terreno podemos estar casi seguros de que el lugar estaría ubicado en el siguiente lugar.

Posible lugar del pozo: 7°18'19"N 61°49'04"W
Posible lugar del pozo: 7°18'19"N 61°49'04"W

Los indicadores que sugieren que esta sería la ubicación exacta se basan en similitudes de distancia reportadas por personas que actualmente operan en otra mina ilegal, “El Cairo”, ubicada dentro del AOI de la mina Atenas.

La distancia de El Cairo al tajo es cercana a los 25 km y dentro de la zona de Nuevo Callao.
La distancia de El Cairo al tajo es cercana a los 25 km y dentro de la zona de Nuevo Callao.
Mina ilegal El Cairo en septiembre de 2025 (foto real)
Mina ilegal El Cairo en septiembre de 2025 (foto real)

Víctimas y responsables

El análisis de las circunstancias que precedieron a la masacre revela que el móvil principal del crimen fue una disputa territorial entre organizaciones criminales por el control de los yacimientos de oro. La investigación oficial determinó que Jamilton Ulloa “El Topo” ordenó el ataque contra trabajadores vinculados a la banda rival liderada por Alexandro Lisandro González Montilla, alias “El Gordo Lisandro”.

“El Topo”
“El Topo”

La mina Atenas había sido identificada recientemente como un depósito altamente productivo, intensificando la competencia entre los diferentes “sindicatos” mineros. Estos grupos operan como organizaciones criminales con estructuras paramilitares, estableciendo sistemas de control territorial donde cobran impuestos en oro a los mineros artesanales a cambio de permitirles trabajar en determinadas zonas.

El funcionamiento de estos sindicatos sigue patrones similares a los de otras organizaciones criminales latinoamericanas. Los líderes de estos grupos, conocidos como “pranes”, mantienen su autoridad mediante el uso sistemático de la violencia extrema como mecanismo disuasivo.

A los líderes de las bandas organizadas que controlan el narcotráfico, el lavado de dinero y la minería ilegal se les llama “pranes”.
A los líderes de las bandas organizadas que controlan el narcotráfico, el lavado de dinero y la minería ilegal se les llama “pranes”.

Los testimonios recogidos durante la investigación describieron métodos de castigo que incluían mutilaciones, desmembramientos públicos y ejecuciones ejemplares. Estas prácticas apuntan a crear un clima de terror que asegure la subordinación de la población minera y desaliente cualquier desafío a la autoridad del grupo dominante. La cercanía entre la creación del Arco Minero del Orinoco y la masacre sugiere que el crimen también pudo haber tenido motivaciones relacionadas con el posicionamiento estratégico ante los cambios en la política minera nacional. La pandilla de “El Topo” habría buscado consolidar el control sobre áreas de alto valor antes de la implementación de nuevas regulaciones.

Además, los testimonios indican que algunos de estos grupos criminales mantenían relaciones con sectores de la administración pública regional, lo que les permitía operar con cierto grado de impunidad. Esta red de corrupción habría facilitado actividades ilícitas y contribuido a la débil respuesta inicial de las autoridades a los informes de la masacre.

La investigación forense identificó plenamente a 13 de las 17 víctimas encontradas en la fosa común. El perfil demográfico muestra que se trataba principalmente de hombres jóvenes, con edades entre 18 y 31 años, dedicados a la minería artesanal como medio de subsistencia.

Familiares de las víctimas protestan tras el incidente.
Familiares de las víctimas protestan tras el incidente.

Entre las víctimas identificadas se encuentran:

Ángel Ignacio Trejo Sosa, 30 años, hijo de J.J. Cuello, director de Radio Bonche de Tumeremo; Cristóbal Heredia, 24; Gustavo Guevara Aguinagalde, 22; Jesús Alfredo Aguinagalde, 25; Jesús Gregorio Romero Ara, 22; José Ángel Ruiz Montilla, de 25 años; José Gregorio Nieves Aguinagalde, 25; Luis Díaz, 24; dos jóvenes, Marielys Ruiz, de 21 años, y Mary Dalia Ruiz, de 18; Néstor de Jesús Ruiz Montilla, 31; Roger José Romero Ángel, de 20 años; y Efraín Rafael Robles, de 22 años. Las víctimas pertenecían al sector más vulnerable de la población minera como trabajadores artesanales sin vínculos con organizaciones criminales, que dependían de la extracción de oro para su supervivencia económica.

Cronología detallada de eventos

Antecedentes inmediatos (febrero de 2016):

El 24 de febrero de 2016, el gobierno nacional decretó la creación del Arco Minero del Orinoco, generando expectativas y tensiones en las zonas mineras tradicionales.

Fase de Ejecución (4 de marzo de 2016):

En la madrugada del 4 de marzo de 2016, aproximadamente entre las 5:00 y 6:00 horas un grupo de entre 30 y 40 hombres armados, encabezados por “El Topo” y sus lugartenientes “Miguelito” y “El Indio”, realizaron una emboscada contra mineros que se dirigían a la mina Atenas. Los atacantes utilizaron armas de fuego de largo alcance y procedieron a ejecutar sistemáticamente a las víctimas con disparos en la cabeza. Los testimonios de los sobrevivientes describieron una operación planeada militarmente, donde los atacantes bloquearon las rutas de escape y procedieron metódicamente con las ejecuciones. Luego, los cuerpos fueron cargados en un camión volquete y transportados a un lugar remoto para ocultarlos.

Fase de ocultación (4 y 5 de marzo de 2016):

En las horas siguientes, los perpetradores trasladaron los cuerpos aproximadamente 25 kilómetros hasta la mina Nuevo Callao, donde cavaron una fosa común de aproximadamente cinco metros de profundidad. Los cuerpos fueron colocados en bolsas de plástico negras antes del entierro, en un intento de ocultar pruebas y dificultar su posterior identificación.

Fase de denuncia y protesta (5 al 10 de marzo de 2016):

El 5 de marzo, cuando los mineros no regresaron de sus trabajos, sus familiares iniciaron una búsqueda y posteriormente bloquearon la Troncal 10, principal arteria vial de la región. Esta acción de protesta paralizó el tráfico hacia Brasil y obligó la atención de las autoridades nacionales.

Fase de denegación oficial (7 al 9 de marzo de 2016):

El 7 de marzo, el gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez, negó categóricamente la ocurrencia de la masacre, calificándola de “espectáculo mediático” y de “maniobra política” de la oposición. Esta posición oficial se mantuvo durante varios días, a pesar de las crecientes evidencias y presiones de los familiares. Paralelamente, sectores oficialistas intentaron desacreditar las denuncias sugiriendo motivaciones políticas partidistas y cuestionando la veracidad de los testimonios presentados.

Rangel Gómez actualmente sancionado por el gobierno canadiense por violaciones a los derechos humanos en 2017, por el gobierno estadounidense por corrupción y por el gobierno panameño por lavado de dinero
Rangel Gómez actualmente sancionado por el gobierno canadiense por violaciones a los derechos humanos en 2017, por el gobierno estadounidense por corrupción y por el gobierno panameño por lavado de dinero

Rangel Gómez actualmente sancionado por el gobierno canadiense por violaciones a los derechos humanos en 2017, por el gobierno estadounidense por corrupción y por el gobierno panameño por lavado de dinero

Fase de Intervención Estatal (10 al 13 de marzo de 2016):

El 10 de marzo, en medio de persistentes protestas y presión mediática, el gobierno decidió militarizar Tumeremo, desplegando tropas de la Guardia Nacional para despejar las manifestaciones. Sin embargo, la presión política a nivel nacional había aumentado considerablemente, lo que obligó a una investigación oficial. El 11 de marzo, el Ministerio Público confirmó la identificación preliminar de 16 de las personas desaparecidas, marcando el primer reconocimiento oficial de que efectivamente había ocurrido un hecho criminal a gran escala.

Fase de descubrimiento (14 y 15 de marzo de 2016):

La noche del 14 de marzo de 2016, la Fiscal General Luisa Ortega Díaz anunció oficialmente el hallazgo de 17 cadáveres en una fosa común, confirmando así la veracidad de los informes iniciales. Los cuerpos fueron encontrados en la mina Nuevo Callao, en bolsas de plástico de color negro, con claras evidencias de muerte por arma de fuego.

Fase de Reconocimiento Oficial (16 de marzo de 2016):

El 16 de marzo, el gobernador Rangel Gómez finalmente admitió públicamente que había ocurrido una masacre, retractándose de sus declaraciones anteriores.

Fase de persecución (marzo-mayo de 2016):

En los meses siguientes, las autoridades de seguridad iniciaron una intensa búsqueda de “El Topo” y sus colaboradores. Esta operación incluyó despliegues de inteligencia en múltiples estados y coordinación entre diferentes cuerpos de seguridad. El 6 de mayo de 2016, Jamilton Ulloa “El Topo” fue asesinado durante un operativo del SEBIN en la mina El Limón, sector Nuevo Callao, cerca de Tumeremo.

El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) es, según ACNUDH, OEA y ONU, una de las agencias estatales venezolanas que viola más flagrantemente los derechos humanos.
El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) es, según ACNUDH, OEA y ONU, una de las agencias estatales venezolanas que viola más flagrantemente los derechos humanos.

El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) es, según ACNUDH, OEA y ONU, una de las agencias estatales venezolanas que viola más flagrantemente los derechos humanos.

Cambios en la dinámica criminal

La muerte de “El Topo” no eliminó la presencia del crimen organizado en la región sino que provocó una reorganización territorial entre diferentes grupos. Testimonios posteriores indican que otros líderes criminales se disputaron las zonas previamente controladas por su organización, generando nuevos episodios de violencia.

Paradójicamente, esta fragmentación criminal creó condiciones más volátiles, a medida que la multiplicidad de grupos en competencia aumentó la frecuencia de los enfrentamientos y la imprevisibilidad de la violencia. Los mineros artesanales estuvieron expuestos a múltiples y contradictorias demandas de diferentes organizaciones criminales.

La masacre catalizó la organización de grupos de familiares de víctimas y organizaciones de derechos humanos que comenzaron a documentar sistemáticamente la violencia en las zonas mineras. Estas organizaciones desarrollaron redes de apoyo mutuo y presión política para exigir justicia y protección del Estado. Sin embargo, las actividades de estas organizaciones se vieron limitadas por las condiciones de seguridad y las persistentes amenazas contra activistas y defensores de derechos humanos. Muchas de sus actividades tuvieron que realizarse desde fuera de la región o bajo condiciones de anonimato.

El verdadero problema

La masacre de Tumeremo del 4 de marzo de 2016 constituye un caso paradigmático de múltiples fallas del Estado venezolano en el ejercicio de sus funciones básicas de protección ciudadana y mantenimiento del orden público en las zonas mineras del sureste del país. El evento revela la consolidación de un modelo de cogobernanza criminal donde las organizaciones armadas ejercen de facto funciones estatales en territorios ricos en recursos naturales pero abandonados por las instituciones oficiales.

El perfil de las víctimas refleja la extrema vulnerabilidad de los trabajadores mineros artesanales, quienes operan en condiciones de ilegalidad forzada por la ausencia de marcos regulatorios adecuados y quedan sin protección ante la violencia de las organizaciones criminales que controlan territorialmente las zonas de extracción.

La estructura y los métodos operativos de la organización criminal responsable de la masacre revelan un nivel de sofisticación que incluía entrenamiento paramilitar, redes de corrupción institucional y sistemas de control territorial que combinaban violencia extrema con servicios cuasi estatales para las poblaciones bajo su dominio.

Las fallas en la investigación forense inicial, la protección inadecuada de los testigos y las limitaciones técnicas en el procesamiento de pruebas demuestran la necesidad de fortalecer sustancialmente las capacidades investigativas del Estado en áreas remotas donde operan organizaciones criminales complejas.

Las áreas de interés identificadas para futuras investigaciones sugieren que la masacre de Tumeremo puede representar sólo la punta del iceberg de un patrón más amplio de violencia sistemática en las zonas mineras venezolanas.

La masacre de Tumeremo debe recordarse no sólo como una tragedia específica sino como una advertencia sobre las consecuencias del abandono del Estado y la tolerancia hacia las estructuras criminales organizadas. La búsqueda de justicia para las víctimas y sus familias sigue siendo incompleta, y prevenir nuevos episodios similares requiere transformaciones profundas en la concepción y ejercicio de la soberanía estatal en territorios tradicionalmente marginados pero estratégicamente importantes para el desarrollo nacional.

Nota del investigador

Este informe se basa íntegramente en inteligencia de código abierto (OSINT). No se accedió a información clasificada. No se utilizaron fuentes confidenciales. Todo lo documentado aquí está disponible públicamente, si sabe dónde buscar.

La importancia no reside en las revelaciones secretas, sino en conectar los puntos: mostrar cómo las estructuras mineras criminales, las disputas territoriales, el abandono del Estado y el encubrimiento oficial operan juntos y no como eventos aislados.

Ese sistema está diseñado para controlar las zonas de extracción, aterrorizar a las poblaciones locales y preservar el poder autoritario y criminal en todo el corredor minero del estado Bolívar. Y sigue activo hoy en la misma geografía que produjo la masacre de Tumeremo.

Compilado: abril de 2026

Clasificación: OSINT - Código abierto

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